Bienvenidos a Perinquiets Libros, una revista digital con novelas, relatos y artículos de cuatro autores que nunca se han tomado la escritura como una profesión, pero han compuesto multitud de novelas, relatos, teatro y ensayos no publicados en papel. Fernando Bellón, Segismundo Bombardier, Gaspar Oliver y Waltraud García.

VER NOVELAS Y RELATOS

Novela negra sudafricana, un espinoso pleonasmo

Una conversación con Gaspar Oliver

— Por menos de tres euros encontré el otro día en una librería de lance la novela “El cazador sordo”.

— ¿Cómo? ¿»El calzador gordo»? Qué título tan bonito.

— “El cazador sordo”, de James McClure. En inglés The Goosberry Fool, un preparado de grosella silvestre, pero también una persona inoportuna que se pega a alguien. O sea, «el idiota pelmazo».

Elogio a «Por qué matan las mujeres», o la maldición de la casa embrujada

Reseña de Segismundo Bombardier

Me resisto a ver series de Hollywood porque obedecen todas a un esquema invariable. Es indiferente la calidad del equipo de dirección y producción, de los actores y actrices, de los guionistas, de los técnicos de esto y de lo otro. Todos son buenos y hasta grandes profesionales. Pero están presos de una armadura de acero: sexo, dinero y violencia, estos dos últimos ingredientes a veces revestidos de poder, ambición, inmoralidad, cinismo, etc.

La historia de la literatura y del teatro se debe a moldes y estereotipos que varían su forma, pero no su materia, que es eterna. Hilemorfismo aristotélico. Quiero decir que no cabe esperar nada nuevo en materia creativa, salvo la dislocación, la fragmentación, la incoherencia fabricada, la abstracción, esa basura postmoderna.

La Eunomia y la Eutaxia, o quién le pone el cascabel al gato

El gato esquivo

Fernando Bellón, editor de Perinquiets-Libros

El gobierno de los pueblos se considera una ciencia, sólo por el hecho de que los ensayistas y publicistas de antaño, filósofos y sofistas, trazaron ya sus mapas políticos. La veteranía no hace el oficio, sino la práctica, el error y el propósito de enmienda, que se da poco entre los cargos públicos.

Uno de los argumentos para certificar el progreso de los seres humanos (de la Humanidad metafísica) es comparar el presente con el pasado, y concluir que vivimos mejor. Antes hemos advertido que no hay que confundir el avance de los conocimientos científicos y tecnológicos con las costumbres y las formas de gobierno. A la magia sucede el animismo, a este el paganismo, y luego vienen las religiones monoteístas, hablando a grandes rasgos. Pero a poco que miremos a nuestro alrededor, comprobamos que esto es sólo válido en Occidente (Europa, norte de África y desde 1492, las Américas descubiertas y colonizadas por españoles y portugueses, que se merendaron en el siglo XIX los anglosajones). La India, la China, el Japón, casi toda África y Oceanía, donde vive el doble o el triple de gente que en nuestras orgullosas tierras que hasta ahora nos han llenado de satisfacción, no encajan en el modelo.

Plata quemada (basada en hechos reales)

El polícromo marco de la mitología

Una reseña de Segismundo Bombardier

Desde mi casa en la Metrópolis Europea de Lille (vivo en el barrio de Wazemmes, antes fabril y obrero) leo los titulares de los periódicos electrónicos españoles. Mantuve varias suscripciones hasta que advertí que los titulares iban perdiendo coherencia con la noticia que les seguía. Poco a poco el torneo para capturar público ha llevado a la prensa escrita (la audiovisual lo hace desde casi siempre) a colocar un titular escandaloso, presentando una notica que pocas veces tiene relación con él; muchas son hechos recalentados, potajes, retales remendados y otros platos de cocina rancia.

La Fantasía del Progreso

El rostro de Marte visto desde el espacio sideral. Foto de F.B. cuando era astronauta.

Fernando Bellón, editor de Perinquiets-Libros

El registro del progreso en la historia de la Humanidad es confuso. Primero porque la Humanidad es una idea metafísica, no una realidad. Los seres humanos no son una totalidad homogénea que progresa al mismo ritmo, están encadenados a la sociedad a la que pertenecen y ellos mismos forman; en otras palabras, hay muchas humanidades. Y segundo porque los únicos progresos certificados entre los seres humanos del planeta son de carácter tecnológico: hoy conocemos nuestro mundo mejor que los griegos gracias a los avances de la ciencia, y en este concepto caben muchas cosas, desde la medicina que cura, hasta la guerra que mata, pasando por la agricultura que nos alimenta y la fabricación de objetos de consumo que antes nos llenaba de orgullo y satisfacción, y hoy nos atosiga.

Tres hipótesis sobre el Covid-19

Dos tipos tristes

Una visión humorística de Fernando Bellón

Platón concibe el Mito de la Caverna para sacarnos del engaño. Pero en una sociedad como la nuestra en la que el engaño abunda casi más que la verdad, y donde se premia cambiar a las cosas de nombre para encubrir la mentira, hacer burla del engaño es vano ejercicio. Sin embargo, me arriesgo como admirador de la «Caverna del Humorismo» visitada por Pío Baroja.

Crimen y castigo en la novela actual

Expediente X

Una reseña de Waltraud García

La decepción es la marca de carácter de Occidente.

Lo que resulta más llamativo, sin embargo, es que la herida de la decepción en Europa y en América del Norte no se ha curado ni tiene pinta de ir a hacerlo.

Desde hace un siglo, los occidentales vivimos en la sociedad del desengaño creciente. Algo que también ha dado en llamarse la “crisis moral” o el “relativismo moral”. Pero estos conceptos tienen más de doscientos años de antigüedad, proceden de la Ilustración, cuando la idea fija del mundo empezó a ponerse patas arriba.

“Los Falsos Pasaportes”, de Charles Plisnier

                                 Retrato en sepia. Berlín

Una reseña de Segismundo Bombardier

Voy a recomendar y glosar hoy una novela titulada Los Falsos Pasaportes, de un escritor belga-valón llamado Charles Plisnier, el primer belga en recibir un premio Goncourt (1937), contenido en el mismo volumen al que ya me he referido en una reseña anterior.

Este Charles Plisnier, según me he enterado en Internet, fue en su juventud trotskista, y perteneció al Komintern o Internacional Comunista, desde 1919 a 1929, cuando tuvo que abandonarla, porque expulsaron de ella a todos los troskistas.