Tres hipótesis sobre el Covid-19

Dos tipos tristes

Una visión humorística de Fernando Bellón

Platón concibe el Mito de la Caverna para sacarnos del engaño. Pero en una sociedad como la nuestra en la que el engaño abunda casi más que la verdad, y donde se premia cambiar a las cosas de nombre para encubrir la mentira, hacer burla del engaño es vano ejercicio. Sin embargo, me arriesgo como admirador de la «Caverna del Humorismo» visitada por Pío Baroja.

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Crimen y castigo en la novela actual

Expediente X

Una reseña de Waltraud García

La decepción es la marca de carácter de Occidente.

Lo que resulta más llamativo, sin embargo, es que la herida de la decepción en Europa y en América del Norte no se ha curado ni tiene pinta de ir a hacerlo.

Desde hace un siglo, los occidentales vivimos en la sociedad del desengaño creciente. Algo que también ha dado en llamarse la “crisis moral” o el “relativismo moral”. Pero estos conceptos tienen más de doscientos años de antigüedad, proceden de la Ilustración, cuando la idea fija del mundo empezó a ponerse patas arriba.

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“Los Falsos Pasaportes”, de Charles Plisnier

                                 Retrato en sepia. Berlín

Una reseña de Segismundo Bombardier

Voy a recomendar y glosar hoy una novela titulada Los Falsos Pasaportes, de un escritor belga-valón llamado Charles Plisnier, el primer belga en recibir un premio Goncourt (1937), contenido en el mismo volumen al que ya me he referido en una reseña anterior.

Este Charles Plisnier, según me he enterado en Internet, fue en su juventud trotskista, y perteneció al Komintern o Internacional Comunista, desde 1919 a 1929, cuando tuvo que abandonarla, porque expulsaron de ella a todos los troskistas. Seguir leyendo

La rebaja de las pensiones que viene

Artículo de Vicente Torres publicado en «Informa Valencia» el 9 de julio de 2020, reproducido con permiso del autor.

De forma recurrente se viene informando de que los pensionistas cobran más de lo que han cotizado durante su vida laboral. Si ello tiene como finalidad justificar el recorte que se avecina, es infame. Mientras el Estado incurra en gastos superfluos, cualquier asalto a los bolsillos de los pensionistas, como es el caso del IRPF, que no deberían pagar, es injusto. Solo cuando el Estado gaste única y exclusivamente en aquellas instituciones u organismos que necesita para funcionar, podría empezar a plantearse cualquier reducción a los pensionistas. Seguir leyendo

«Los hijos de Avrom», una novela sobre la dignidad humana

El equilibrio doméstico.

Una reseña de Segismundo Bombardier

Hace no mucho publiqué en esta bitácora una breve reseña cinematográfica, en la que anunciaba la lectura de Les Eaux Mêlées, una novela de Roger Ikon, titulada en español Los hijos de Avrom.

Ya la he terminado, y me propongo recomendarla con argumentos. Lo cierto es que la he leído en una edición en español de Plaza y Janés, recopilatoria de premios Goncourt (este libro lo fue en 1955), traducida meritoriamente por Consuelo Berges. Compré el libro hace décadas en una caseta de libros de lance de la Cuesta de Moyano de Madrid, y he aprovechado el confinamiento para leerla.

Los hijos de Avrom es una novela estupenda que mereció un justificado premio.

En primer lugar esta escrita en un “español” rico (he hojeado la edición original en la biblioteca de Lille, y el francés de Ikor es excelente), de un tono clásico, sin divagaciones estéticas ni laberintos de hormigón. Me tropiezo con novelas actuales de la Galia que se me atragantan por su contenido indescifrable y por su prosodia granítica. Imagino que en español los desvaríos literarios del presente en marcha serán parecidos.

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Educar según el programa de la vida, no de los libros

Ilustra este artículo una libélula, animal frágil y bello. Viene a ser un símbolo del tema tratado por la autora del texto: la educación es cosa sólida, pero se convierte en algo gaseoso cuando se diluye en protocolos y normativas ajenos a la realidad vivida, todo muy bonito pero inútil. La reflexión viene a cuento cuando la vuelta a clase se ha convertido en un galimatías administrativo.

Por Sandra Maset, profesora de Educación Secundaria

Explicar el movimiento tectónico de placas a un grupo de chavales de 12 años puede parecer una misión imposible.

Bueno, no, explicarlo tira que va… pero que lo comprendan, lo interioricen, y sean capaces de explicárselo a otros… eso es otra historia.

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Palcos a la esperanza

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Una reflexión de Ana Millás, dramaturga y actriz de Valencia

Érase una vez, un invisible invasor que se apoderó de gran parte del mundo.

Un mundo que se consideraba infeliz, pese a tenerlo todo.

Un mundo incapaz de ponerse de acuerdo en lo más nimio, plagado de desigualdades sociales y económicas.

Un mundo de egoísmo y envidias. Irreverente y despiadado ante la naturaleza y sus gentes menos favorecidas.

Un mundo en el que la normalidad, se había convertido en el problema.

Érase una vez, a principios del año 2020, un mundo obligado por el COVID19, a vivir confinado en casa.

El “Quédate en casa”, fue el leimotiv con el que se conminó a la ciudadanía a recluirse en sus domicilios. La grave situación, a fin de frenar cuanto antes el número de infectados, así lo requería.

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La Aventura

Un apunte autobiográfico de Rafael Escrig (Biólogo)

He dormido en portales, entre los viñedos y en una comisaría de policía. He atravesado lagos en canoa y he dormido en el suelo de un tren. He pasado la noche en una playa de la Costa Azul, en coches, en solares, en posadas y en hoteles de lujo. He cruzado un mar con olas gigantes barriendo la cubierta y he volado en un bimotor averiado. He buscado refugio en una iglesia y he andado dos días seguidos cruzando las montañas. He comido en grandes restaurantes y me he lavado en las fuentes públicas. He dormido en andenes y en el fondo de una barca vieja. Me han tirado piedras y me han seguido en descampados. Me ha acompañado una amiga azafata hasta el pie de un avión y he cruzado fronteras en un descapotable. Me han despertado las gallinas de un granero y los gritos (zaghareet) de las mujeres en una boda bereber. Han tocado el órgano para mí en una catedral y he pedido en las calles. Me han puesto cocaína en los bolsillos y he subido al Mont Blanch. He visto una lluvia de meteoritos desde un barco, de noche y a una troupe de gitanos bailando con un oso. He asistido a grandes conciertos en el Teatro Real y he tocado la guitarra por las plazas. He paseado las calles de un enorme prostíbulo y me he sentado en el Caffè Florian. He conocido gente mala y gente buena. Gente amable y gente despreciable. El fiel de la balanza está en el medio. Nadie me ha quitado nada porque nada he tenido. He recibido insultos y caricias. Algunas fingidas y otras ciertas. He corrido peligros conscientes e inconscientes. He vivido placeres sencillos y días memorables. He viajado por sitios que ya ni los recuerdo y he vivido humildes aventuras. Las que viven las gentes a veces con dinero y a veces sin nada. Lo mejor que ha quedado no han sido los recuerdos ni esas aventuras tan malas o tan buenas. Ha sido vivir entre la gente y haber llegado aquí para poder contarlo.

 

El futuro ineluctable

Un artículo de Segismundo Bombardier

La otra noche me entretuve viendo una versión francesa de “Family Plot», de Alfred Hitchcock, que en España se tituló “La Trama”, y en inglés es un juego de palabras que hace referencia a las tumbas familiares de los cementerios, y en este caso evoca una intriga dramática que concierne a varios parientes. Fue un acierto, un alivio, dormí como un niño arrullado.

Fue la última película dirigida por el inglés, y transformó un complot (debe venir de plot, ¿no?) siniestro en una comedia casi ligera.

Por la noche, después de cenar, he de ver una película de entretenimiento. Hará cosa de diez años tuve una compañera de oficio (en realidad era administrativa de cierto nivel) que bajaba de la Red (supongo que oscura) o compraba películas angustiosas producidas en Asia: japonesas, chinas, coreanas. Decía que no podía ver otra cosa que dramones postmodernos donde personajes patéticos sufren muchísimo por dentro sin que se advierta que pasa nada exteriormente.

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La nueva raza

Una fantasía filosófica de Segismundo Bombardier

Un longevo sabio que aspiraba a retratar el alma de los seres humanos dijo un día: “Nunca podrás entender las acciones de los hombres si no conoces sus creencias o sus principios.”
El sabio estaba seguro de que su proposición era verdadera.
Decidido a encontrar un sentido a la confusión en la que vivía su pueblo y su gobierno, empeñó sus fuerzas en descubrir las creencias o los principios de las personas más acaudaladas y de los políticos más poderosos. Descubierto el secreto, no costaría nada anticipar sus decisiones, que ordenaban la vida del pueblo, y rectificar las equivocadas o sustituir a los malos gobernantes y egoístas acaudalados por otros más virtuosos. Empleó tanto tiempo en sus averiguaciones, que los ricos y los poderosos se fueron sucediendo, sin que el pueblo saliera de su confusión y dependencia.

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