Universos paralelos. Intriga y disparate

Pegasus de mundo paralelo

Segismundo Bombardier

En la Jungla Televisiva brotan series de intriga levantadas sobre un armazón hasta ahora reservado para la ciencia ficción dura: los mundos paralelos.

Todas las industrias de la Jungla Televisiva emplean la imaginación y el delirio de sus guionistas: la norteamericana, la alemana, la inglesa, la francesa y ahora la israelí.

Estoy viendo estos días una de la hornada israelí, The Grave, La Tumba. Y hace poco terminé las cinco temporadas de Fringe, y la primera de La Brea, producidas en los EUA. En la cuenta de mi memoria constan Counterpoint, alemano-americana y Les Révenants, de la industria francesa. Alguna olvido, y dejo por citar las que no conozco.

El asunto de los universos paralelos es muy difícil tomárselo en serio. Por eso de todas las series nombradas, la que me cautivó fue Fringe, realizada con un sentido del humor admirable, sin llegar a la astracanada. Counterpoint no contenía ninguna broma, y se basaba en la existencia de dos mundos, uno de los cuales fue creado por científicos de la RDA; la intriga es complicada (todas lo son, para aguantar el interés del público) y con mensaje moral, cosa que obliga a mantener la seriedad del guión. Ocurría lo mismo con Les Révenants, con elementos de terror y vísceras, y las bromas estaban prohibidas.

La serie israelí La Tumba va por el camino de la seriedad verosímil, es decir, los personajes sufren de verdad en uno y otro mundo, el cruce de ambos no produce cataclismos como en Fringe o en La Brea, sino interferencias que causan problemas a ciudadanos inocentes, alterados por la mala conducta de sus dobles. Por lo general un ingrediente de estas series es el secreto de estado, operaciones científicas militares de departamentos dirigidos por gente cínica y perversa.

Tanto en La Brea como en La Tumba, la intriga está bien dosificada, las peripecias y desgracias de sus personajes bien enlazadas. Pero hay un problema: lo verosímil resulta inaceptable. A esto se añaden los estereotipos, las coincidencias, encuentros y accidentes traídos de los pelos.

La teoría de los mundos paralelos es una extravagancia, al menos es lo que me ha enseñado Ian Stewart en su magnífico libro Calculating The Cosmos. Nuestro mundo, dice Stewart, tiene una “anchura” de noventa y un mil millones de años luz, y sigue creciendo. Lo hace debido a un misterio por descubrir, la materia y la energía oscuras, que lo impulsan e inflan contra las leyes de la gravedad. Esta “realidad oculta” puede dar lugar a cuatro formas de existencia cósmica. Dos de ellas se manifiestan en multiuniversos o multiversos. El Mutiverso Cuántico consiste en una superposición de infinitos mundos paralelos, cada uno con sus existencia propia. Insisto en que esto no es más que una hipótesis. La base de la intriga en la Jungla Televisiva está en que en los dos mundos conectados misteriosamente viven las mismas personas, incluso con idéntico ADN. Esto es un delirio que destruye cualquier intento de expresar con seriedad la intriga. En sí misma esta casualidad es una broma, como lo sería que en uno de los universos Fulanito fuera hombre y en otro mujer, o en otro un perro galgo, o en otro un puente colgante. Los productores y guionistas de Fringe fueron lo bastante inteligentes como para llegar a estos absurdos con la habilidad del humor.

“Los españoles ya somos conscientes de que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento”, dice un periodista digital en relación con la broma Pegasus. Dadas las circunstancias y enredos de la política realmente existente en todos los países del planeta, cualquier terrícola es consciente de que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. Los mundos paralelos con sus intrigas milagrosas alimentan la fe de los inocentes y de los ignorantes. Lo que pasa es que la ficción de la Jungla Televisiva cada vez interfiere más con la realidad política, véase la desgraciada Ucrania.

En la frontera entre la pubertad y la adolescencia me leía una novelita de serie al día. Sólo en verano, claro, en vacaciones. Fue mi debilidad en la edad del pavo. Me lo pasaba bomba. La Jungla Televisiva, como la Jungla Editorial, nos entretienen con frecuencia de un modo inteligente, y desarrollan la fantasía de propios y ajenos. Me gustan los guiones delirantes, igual que de jovencito disfrutaba con las novelitas del FBI, del Oeste y policíacas. Pero sé que la realidad es otra.

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