«Tout pour Plaire», una película francesa. Tres historias sosas

La vida, como un paseo en bici por una huerta.

Una reseña de Segismundo Bombardier

Una de estas noches, brujuleando por las cadenas de contenidos, me he dado de bruces con «Tout pour plaire» (en España «¿Por qué las mujeres siempre queremos más?»). Tenía una vaga idea del estreno de la película, en 2005, cuando algún crítico amable la comparó con las historias de Woody Allen.

He aguantado hasta el final sólo con el propósito de enviar a esta revista una reseña. Fuera de esta circunstancia la habría dejado de ver en el minuto quince, más o menos.

Tout pour plaire es para mí la prueba manifiesta de la decadencia del cine francés que cuenta historias. Las de esta película son exasperantes y sosas. El caso es que describen con buen tinola vida de tres jóvenes mujeres urbanas y cualificadas: llevan una vida enajenada, vacía, aburrida, sin ilusiones sólidas, y cada una representa un defecto de la clase media francesa educada. La abogada es una manirrota que reprocha a su banquero (esto es una de las tonterías de la película, los banqueros no reciben a los clientes para darles lecciones de moralidad ) los consejos de ahorro y mesura que le ofrece gratis. La médica es una tonta del bote que mantiene a un marido dedicado a pintar churros sin preocuparse por venderlos. La publicista es una persona sin voluntad, que convive con un marido, ejecutivo, idiota y ambicioso, como si fuera un hijo egoísta del que uno no se puede liberar.

Resulta curioso el resumen que hace el portal Allociné de la película, simple y buenista, males simpáticos que carcomen nuestra falsa sociedad del bienestar.

Estoy diciendo que muchos de los personajes de películas costumbristas como Tout pour plaire son así de bobos. Los guionistas se basan en «casos reales», probablemente de amigos/amigas de ellos/ellas mismos/mismas.

Pero sucede que una sociedad puede estar llena de sosos bienintencionados, pero el final de sus amables aventuras no es ni feliz ni simpático. Ni siquiera sus aventuras son amables. La industria del cine, es decir, directores, productores, guionistas fabrican modelos asequibles, «reflejo de la vida real», pero edulcoran la realidad para hacerla digerible. Esto no es ningún secreto ni siquiera una maldición. Es el mercado. Lo vemos cada día en las series. Los productos que se elaboran están bien hechos, los personajes encajan en moldes aceptables y están bien interpretados. Pero me da lástima que un cine que brilló con esplendor antes y después de la ocupación alemana, que mantuvo el nivel con elegancia y gracia en los años sesenta y setenta, empezó a declinar en los ochenta, haya llegado a la marisma creativa que es hoy.

Lo que se me hizo más insoportable de Tout pour Plaire fue el contenido filosófico, las estupideces que puede decir la gente sobre el amor, el matrimonio, la frustración personal por ilusiones vanas, y la alegre pasividad con la que las protagonistas se toman su destino, porque es evidente que sus vidas ejemplares se nos ofrecen como destinos en una sociedad articulada pour plaire, para caer bien a los demás. Es la formula del fracaso, nos dicen los guionistas, pero no os preocupéis, porque los amigos/amigas están siempre a nuestro lado, al contrario que los maridos o las parejas, egoistones y torpes.

Triste filosofía.

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