¡Qué desgracia! Ahora entiendo a Unamuno…

Una reflexión triste de Selena Maeztu, profesora en un país europeo

Vengo de vigilar en un examen de arte a estudiantes de último año desarrollando su creatividad y poniendo en práctica gran cantidad de técnicas artísticas. En el aula del examen, tantos materiales a disposición del alumnado que algunos no sé ni qué son, hay hasta una prensa. Todo en estanterías, accesible, los alumnos se van levantando y cogiendo lo que necesitan, poco a poco van naciendo pequeñas obras de arte en sus cartulinas.

Delantales manchados colgando en un perchero, botes y botes de pinceles de diferentes grosores, largos, anchos; lápices de colores, miles de botecitos multicolores ordenados, mucho de todo… una orgía de opciones. Si no lo haces es porque no quieres, por material no será…

Y la frasecita de Unamuno me asalta una y otra vez…

Hay una estantería con grandes huecos para las diferentes clases que utilizan este espacio, o sea, deduzco, aquí vienen niños de entre 11 y 18 años. Caballetes, un armario como los de las tiendas lleno de cartulinas multicolores graduadas por colores, una guillotina de seguridad, una mesa de corte. Vaya tela…

Y mientras admiro en silencio a esta juventud trabajar, ir plasmando poco a poco lo que ven en sus cabezas, solo puedo pensar que los armarios no tienen llave, que todo está abierto, al alcance de cualquiera; que está aquí por ellos, para ellos, y por eso lo usan, lo aprovechan. Y como a Unamuno… me duele España.

Porque este aula tan maravillosa en la que estoy no está en España. Está en uno de esos países más al norte de nuestras fronteras, hermano europeo, estrellitas amarillas sobre fondo azul, y yo no hago más que recordar cómo eran las aulas de arte en los institutos públicos españoles, que una servidora es de esas de carrera universitaria, oposición, escuela pública, firme creyente de la educación como solución a casi todo.

Y digo arte porque es de la que acabo de salir (quizá me ha impresionado tanto porque no había estado nunca), pero lo mismo se puede decir de los talleres de tecnología, las aulas de informática, la biblioteca y un largo etcétera…

Que sí, que a los políticos habría que colgarlos con sus sopotocientas leyes de educación; que sí, que hace falta invertir de una vez lo necesario en educación para que los profesores sean los mejores, vocacionales; que sí, que hay edificios que se caen y niños estudiando en barracones, y las becas, y el comedor… todo lo que ustedes quieran… Pero en esa aula no había llaves, ni puertas, ni prohibiciones. Coge lo que necesites. Y mañana seguirá habiendo. Y eso no es solo una cuestión de dinero, es una cuestión de educación.

Nadie se lleva nada. Nadie juega a atascar los váteres con rollos enteros de papel. Nadie se mete un taco de folios en su cartera cuando nadie mira. Nadie coge algo que no es suyo, porque no es suyo. Ojo, que esto no es Jauja… aquí también se roban móviles y desaparecen carteras de vez en cuando, el que es ladrón roba, el que no, no.

Por eso me duele España… Me duele… no creo que en mi antiguo instituto tuviésemos matriculados a 800 ladrones, y sin embargo los folios desaparecían, las tizas desaparecían, los rotuladores desaparecían, todo siempre cerrado con llave, ten cuidado con el mando del proyector, que se lo llevan (¿y para qué se lo llevan?, pues no sé, pero se lo llevan), ¿qué nos pasa?

Seguro que usted no lo ha hecho nunca. Seguro que sus hijos tampoco. Quiero pensar que los míos tampoco… pero esto es lo que hay. Llaves, puertas y material a cuentagotas.

Sinceramente creo que deberíamos hacérnoslo mirar…

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