¿Pesimismo de viejo?

Desmadre y observadores desde la acera, incluida la madre amamantando a su hijo.

Por Fernando Bellón

En diciembre cumplí 72 años. Pertenezco a una de las generaciones españolas más afortunadas. El único conflicto bélico en el que España ha intervenido ha sido la Guerra de Sidi Ifni, territorio español arrebatado por el reino de Marruecos en 1956. Franco, que se llevaba bien con Mohamed V, se tragó el sapo de la última guerra colonial española, perdida y con bajas. Luego vino la rebeldía polisaria, que costó la vida a jóvenes, entre ellos uno que yo conocía.

No sé si esto se puede llamar “guerras menores”, el caso es que lo fueron comparadas con Corea, Vietnam, la del Canal de Suez del 56, y las de Irak, en donde el ejército español no intervino en acciones de guerra.

A mi generación no le ha faltado nunca nada, ni siquiera trabajo.

La generación de nuestros hijos inició la decadencia de la paz y la estabilidad. La de nuestros nietos se encontrará con un estado de desequilibrio semejante a las moléculas de un gas encerrado en un cajón. Mala suerte. Aunque peor la tuvieron las generaciones de la Primera y la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil española, que fue la de mis padres.

La perspectiva que se observa con diez años de profundidad es inquietante. No para mí, que para entonces, si vivo, estaré casi fuera de juego.

España estará al borde del cantonalismo y/o de otro conflicto civil previsiblemente violento.

Las posibilidades de que esto no suceda dependen de variables que hoy están vacías o minadas: no tenemos políticos con talento (y los que lo poseen lo dedican a cañonear la nación), los medios de comunicación azuzan la discordia (¿qué otra cosa van a hacer para mantener la audiencia?), la política económica viene dictada por los intereses de financieros sin escrúpulos ni país, agentes clónicos de la especulación, y una burocracia europea que no ve más allá de sus narices, la Unión Europea es un simple mercado de bolsa imposibilitada por definición para hacer política europea (¿qué es Europa sino una reunión precaria de naciones con intereses contrapuestos?), Rusia se defiende como puede de sus desequilibrios internos y de las agresiones político económicas de los Estados Unidos, empeñados en asediarla, lo cual puede provocar un incendio en cualquier momento, y China se hace cada vez más fuerte, y da la falsa impresión de ser una potencia incombustible y sólida como el acero.

Confío poco en que España (sus dirigentes) tomen la decisión de distanciarse e incluso salir de la OTAN y del Mercado Común, de emprender un camino propio e independiente junto con Portugal e Iberoamérica, ponerse de acuerdo con Italia en ese empeño y mantenerse firme en él. Si esos políticos son incapaces de conducir al país por un camino de concierto político y crecimiento de la industria nacional, ¿de dónde van a sacar el cuajo de romper con todo lo que nos ata a nuestros rivales y a nuestros enemigos?

En definitiva, mi generación ha sido la más afortunada, y su desaparición biológica va a coincidir con uno de esos marasmos que la historia infringe a los pueblos.

¡Ojalá fuera pesimismo de viejo!

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